Concierto de Año Nuevo (★★★★✩)
Interpretes: Filarmónica de Viena
Dirección: Yannick Nézet-Séguin
Lugar y fecha: Musikverein (1/1/2026). A partir de la retransmisión de TVE
Este concierto de la Filarmónica de Viena dirigido por el canadiense Nézet-Séguin pasará a los anales del buen trabajo. Ya en estas pantallas hablamos de su magnífico y prometedor talento hace más de una década con motivo de sus conciertos en la Quincena Musical donostiarra.
La Wiener Philharmoniker quiere abrir una nueva etapa. La última ha sido brillante en algunos casos, de la mano de algunos de los grandes directores ya en retirada.
Ahora abre una nueva generación, y no lo tendrá fácil. Ya lo vimos con Dudamel, también pasó K. Petrenko diciendo poco, y el siguiente será el director ruso Sokiev, titular de Toulouse…veremos.
Este concierto no propuso obras caudales sino pequeñas piezas de baile, de divertimento, de ceremonial, dentro de la tradición vienesa, interpretadas con gran sensibilidad y con un trabajo magistral en un diálogo que no es fácil entre el gesto y el sonido. Y Nézet-Séguin mostró gran naturalidad, buena memoria y comunicación excepcional con la orquesta.
Lee también

Se habla mucho de que no hay directores programados. El trabajo del director, como el del médico por ejemplo, se va forjando en la experiencia; Llegarán seguramente con los años. Pero, si ahora vemos mujeres en sus atriles, su incorporación data de menos de tres décadas. Por ello era importante en este programa la presencia de dos compositoras: Josephine Weinlich (1848-1887) de quien escuchamos la sutil y encantadora Canción de sirenas, y de Florence Price (1887-1953) con su Vals del Arco Iris, de atractivo color y acento americano. También hubo referencias al movimiento feminista iniciado en el s. XIX con el vals La dignidad de las mujeres. de Josef Strauss.
Obras más simples, decían, conformaron el programa, que comenzó con la apertura de Índigo y los 40 ladrones, Algo superficial, de Johann Strauss. Buscando un crescendo de intensidad siguió la consistencia sinfónica y melódica de Cuentos del Danubio de Ziehrer, y el exotismo simpático del galope de Lanner: Malapou.
Tres piezas de los Strauss (Eduard, Johann II y Johann I) cerraron la primera parte con una intensidad magistral, con fuerza, expresión y dando homogeneidad a la conformación del programa.

La Filarmónica de Viena, en el Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada de la Musikverein
La pausa, para quienes lo vieron en televisión, no transitó por las simples rutas turísticas, sino que –con buena música de cámara- ilustró piezas de la rica Galería Albertina. Una obra de Kreisler en ambiente de café vienés me llevó a pensar lo poco que explotamos lo que se escribió aquí.
Y también lo poco que los programas de concierto aluden en nuestro medio en general a repertorios más ligeros pero de contundencia orquestal… pienso en la distancia que hay con intermedios, oberturas, de obras de Chapí, de Vives…
La segunda parte del concierto, con buenas propuestas coreográficas alejadas de lo habitual, nos llevaron a contenidos más simbólicos; el feminismo ya comentado, o piezas ceremoniales como la inauguración de un ferrocarril del norte de Europa o la más adaptada marcha egipcia de Johann Strauss. Galope del ferrocarril a vapor de Copenhague de Hans Christian Lumbye incorpora mucha gracia instrumental acorde con los sonidos del tren y pasajes onomatopéyicos. Obras ambas de buena textura aunque de menor intensidad que las de la primera parte.
También la paz fue tema central. palmas por la paz de Josef Strauss, cerró el programa. Luego vendrían las palmas –que en su tiempo alentaban otras ideas- de la Marcha Radetzki que Nézet-Séguin se dirigió con simpatía y cierto desparpajo desde platea.
La cercanía de Nézet-Seguin rompe con la tradición de grandes directores serios de los últimos años (Mutti, Barenboim, Jansons, Mehta, Thielemann, o Maazel, entre otros)
Hablábamos antes de lo que parece una nueva etapa en el diseño de estos conciertos. Los grandes directores de los últimos años (Mutti, Barenboim, Jansons, Mehta, Thielemann, o Maazel, entre otros) diseñaron un programa con alguna obra de mayor envergadura. Aquella figura del maestro se correspondía más con la tradición del director serio, distante. Nézet-Séguin muestra otras formas, más cercanas a músicos y público, aunque su alegato por la paz que cerró el brillante concierto sonó a esencia de músico; ¡Qué diferencia cuando las dice un mandatario que hace negocios con ello!
Se ha abierto la puerta a un nombre que dará que hablar en la melomanía. Feliz año…




