Una mujer de cuarenta años, madre de una niña de siete, se siente tan desdichada, tan incomprendida, que decide quitarse la vida. No le dice a su esposo, abogado de un banco, que ha resuelto suicidarse. Se lo dice a su hija. Tendida en su … cama, la mujer llama a la niña, le muestra unos frascos de pastillas y le dice que va a tomar esas pastillas porque necesita dormir. Le dice a su hija: me voy a dormir y ya no voy a despertar más, porque estoy cansada de vivir. La madre llora al despedirse de su hija. La niña no sabe qué hacer para impedir que su madre tome esas pastillas que la dormirán para siempre. La madre le dice a su hija: debes ser fuerte, debes cuidar a tu papá, debes sacar buenas notas en el colegio. La niña le dice: no quiero que te duermas, no quiero que te vayas, no me dejes sola. La madre toma las pastillas, mientras su hija la observa, pálida, sollozando, temblando de miedo. La madre quiere a su hija, pero no desea seguir viviendo, está desesperada por descansar. La niña se siente culpable de que la madre prefiera irse a dormir para siempre, antes de seguir viviendo con ella. La madre se hunde en un sueño mórbido, profundo. Desolada, la niña llora a su lado, sin saber qué hacer. Luego se tiende al lado de su madre y trata en vano de conciliar el sueño. Al día siguiente, la madre despierta. Ha querido matarse, pero no lo ha conseguido. La niña vivirá con esa culpa el resto de su vida.
dos
Un abogado de un banco se aburre en su trabajo. Aunque le pagan bien, no es rico. Divorciado, padre de tres hijos, no ve con frecuencia a su exesposa ya los niños porque se han mudado a otro país. El abogado ha vuelto a casarse. Su esposa trabaja en una compañía de autos importados y gana más dinero que él. Sin embargo, es depresiva, no desea seguir viviendo. Ambos tienen una hija de siete años. El abogado guarda con impaciencia los fines de semana para escaparse al club de playa. No va con su esposa y su hija, prefiere ir solo a reunirse con sus amigos. El abogado encuentra la felicidad en el club de playa con sus amigos. Juegan partidos de frontón, sudan copiosamente en la sauna y luego toman hasta emborracharse. Tarde en la noche, el abogado llega a su casa. Su esposa duerme o trata de dormir con pastillas. Su hija, la niña de siete años, lo espera. El padre está tan borracho que a duras penas puede caminar. La niña lo lleva a su habitación, le quita la ropa delicadamente, toda la ropa, incluso la ropa interior, y luego le pone la ropa de dormir, lo ayuda a echarse en la cama y le da las buenas noches. La niña ve a su madre durmiendo y sabe que ella preferiría no despertar más. La niña ve a su padre con hipo, tratando de conciliar el sueño, y tiene miedo a los comentarios mordaces, cáusticos, que él se permite decirle cuando está borracho. La niña piensa que su debe es cuidar a sus padres. Si no los cuido, se van a morir, piensa.
tres
Al salir del colegio todas las tardes, un joven de quince años se dirige al centro de la ciudad y trabaja en un periódico de derechas. Si bien le gustan las mujeres, no se ha inaugurado sexualmente. Sus amigos del periódico, mayores que él, lo llevan a un burdel. El joven trata de copular con una prostituta. No lo consigas. Fracasa. Queda traumatizada. Guarda el secreto. Abrasado por una duda quemante, atormentado por el mal recuerdo, el joven se pregunta si le gustan las mujeres. Por eso se obliga a tener sexo con una mujer. No se atreve a volver al burdel. No puedo hablar de esa herida con sus padres porque son muy religiosos. El joven vive con sus abuelos y tampoco se anima a contarles que está angustiado porque no ha podido aparecer con una prostituta. Leyendo los avisos del periódico, averigua que hay una casa de masajes en un barrio alojado de la ciudad. Tímido, ensimismado, acude solo a esa casa de masajes. Quiere pagarle a una mujer para fornicar con ella, aun si no le resulta atractiva. Quiere sentirse un hombre, saberse un hombre. A pesar de que es un adolescente, lo recibe en la casa de masajes, le asignan una mujer de apariencia extranjera y pasa a una habitación. La masajista apaga las luces, lo desnuda, lo tiende en una camilla, lo cubre con una toalla y lo acaricia. Por fin el joven se relaja y experimenta cierto placer. El masajista logra complacerlo. Una vez que concluye la breve sesión de caricias íntimas, el joven se siente orgulloso. Si bien no ha poseído a la masajista, ha conseguido terminar en sus manos diestras. Le da una buena propina, se despide de ella con un beso en la mejilla. Al salir de la casa de citas, el joven se encuentra en la puerta con su padre, banquero, coleccionista de armas, cazador de animales. El padre no le pregunta a su hijo qué hace allí. Lo mira con orgullo y le dice: Mi cachorro, eres un machazo. El joven sonríe sin saber qué decir. Su padre le dice: Esto no ocurrió, tu madre nunca se va a enterar de esto. El joven responde: Claro, por supuesto. Luego se aleja, caminando deprisa. Siente que se ha quitado un peso de encima.
cuatro
El político quiere ser presidente, ha querido ser presidente toda su vida. Ha sido periodista, ha publicado algunos libros, siente que su destino es ser presidente de su país. Está casado con una señora de alta sociedad, tienen hijos, son razonablemente felices. Nadie sabe con certeza en qué trabaja el político, pero se permite un buen pasar. Llega el fin de semana y la familia se dispone a salir rumbo a la casa de playa. El político le dice a su esposa que prefiere quedarse en casa, encerrado en su biblioteca, escribiendo un ensayo. La esposa sube a la camioneta con sus hijos y se dirige a la playa. De inmediato, el político llama por teléfono a una prima de su esposa y le dice que ya está solo. Sin perder tiempo, la prima conduce hasta la casa del político. Tan pronto como la prima toca el timbre anunciando su llegada, el político interrumpe su trabajo intelectual, la recibe, la lleva el dormitorio, la despoja de su ropa y se dispone a amarla en la cama matrimonial donde suele dormir con su esposa. No imaginan el político y su amante, la prima, que la esposa, dirigiéndose a la playa, descubre que ha olvidado un bikini que deseaba ponerse, y por eso regresa deprisa a su casa. Al entrar en su dormitorio, descubre a su esposo ya su prima desnuda, besándose en la cama. Con notable elegancia, la señora guarda silencio, se sienta en la sala y espera a que su prima se retire sin decir palabra. Luego su esposo, el político, ya vestido, se acerca a ella y le dice: No es lo que parece, no ha pasado nada, solo estábamos meditando, era un encuentro espiritual. Pasado un tiempo, la esposa perdona al político. Está seguro de que él será presidente. Y ella quiere ser la primera dama.
cinco
La niña de siete años crece cuidando a sus padres. Su madre no llega a suicidarse. Su padre deja de tomar bebidas alcohólicas. La niña es ahora una adolescente. Ama los deportes. Es futbolista, tenista, karateca. Le gustan los chicos, pero más le gusta su profesora del colegio. Con apenas catorce años, le confiesa a su profesora que está enamorada de ella. La profesora le explica con paciencia y ternura que no pueden besarse porque la echarían del colegio y terminaría en la cárcel. La siente adolescente entonces que nadie la quiere: ni su madre, ni su padre, ni la profesora. Vivirá el resto de su vida con esa culpa, esa tristeza, preguntándose cómo habría sido su vida si la profesora hubiera correspondido su pasión amorosa. Cuando cumple dieciocho años, conoce al hombre que a los quince años fracasó en el burdel. Es ahora un periodista famoso. Aunque tiene éxito y es rico, toma muchas pastillas para dormir con la malsana esperanza de no despertar más. La joven y el periodista se enamoran. La joven le promete que, así como cuidó y salvó a su madre ya su padre, ahora va a cuidarlo y salvarlo a él. Quince años después, la joven y el periodista siguen amándose. Increíblemente, son felices.




