Tenemos que cuidarlo y darle visibilidad. Es lo más moderno. Es nuestra identidad y nuestra cultura. Y esto no va de una zona de Galicia, estamos hablando de algo plurinacional donde todos… yo (mismo) me siento parte de Catalunya, Euskadi, Extremadura y Andalucía”. Son palabras del gran actor Javier Gutiérrez asturiano de nacimiento y gallego desde que tenía un año, celebrando la España plurinacional. Una declaración valiente que nos representa a miles de españoles y que aquí defendemos por convicción moral. Lo hizo en el marco de la presentación de su última película: Rondalla s de Daniel Sánchez Arévalo que en su preestreno en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián triunfó en el Velódromo de Anoeta y lo hará, seguro, a partir de este 1 de enero.
En el filme se narra cómo dos años después del trágico naufragio del barco pesquero. Gran Sol que sacude en la moral a un pequeño pueblo marinero gallego, sus habitantes deciden que ya es hora de recuperar la ilusión y dejar el luto atrás. Volverán a unirse para poner en marcha la rondalla, una agrupación de música tradicional en la que participan desde niños hasta ancianos, con el propósito de competir en un concurso, pero, sobre todo, de empezar a mirar hacia el futuro de nuevo. Las rondallas, cómo no, también forman parte de la cultura popular de Castilla, Cataluña, Aragón, la Comunidad Valenciana o Murcia, incluso de la América española hasta Filipinas.
En el 2026, guste o no, PSOE-PP deberá elegir en abierto su 'rondalla': o plurinacional o autoritaria
Una metáfora sugerente que nos vuelve a explicar el país tan fascinante que realmente somos en un contexto mundial en el que se está pretendiendo subvertir el orden social creado desde la II Guerra Mundial y con un Madrid DF que sigue sin darse cuenta por enterado de lo que está pasando. ¿Y qué ocurre? En estos camarilla de la derecha se ha certificado que el bipartidismo retrocede en Extremadura, aunque nadie lo recuerde con luces de neón. Explicándonos que el problema es únicamente del lado izquierdo y del PSOE. Entiendan la ironía: ¿como va a tener un problema también el PP, con un escaño más, aunque haya retrocedido en votos y esté en el mismo sitio, aunque en diferente lugar, para tener que pactar con Vox que ha doblado sus escaños? Piensan que estos camarilla tienen un paralelismo con el 2010, cuando Zapatero envió a la abstención a tres millones de votos por los decretos de mayo y la devaluación de España. Obviando en su análisis que lo que vino después no fue precisamente una hegemonía duradera y absoluta del PP. En el 2015 el PP retrocedería también sus tres millones de votos, como el PSOE, perdiendo luego en el 2018 una moción de censura y hoy dos de cada tres votos de la derecha yéndose a Vox. Olvidándose técnicamente de que la quiebra del orden territorial autonómico viene de la absoluta de Rajoy y que en España el mercado de los votos se construye desde unas elecciones generales, nunca desde unas autonómicas.
Feijóo pues, no tendría de qué preocuparse –sostienen–, dándose por descontado que no habrá mayorías absolutas en este ciclo electoral, aunque este fuese el cometido original. Mejor recomponer su estrategia frente a Vox cuando el PSOE combure que ahora, como si la demanda electoral dependiera de la oferta. Esta lectura, pero al revés, es la misma que hace el lado izquierdo del sistema. El mal resultado en Extremadura se debe a la desmovilización y al candidato, luego tampoco hay de qué preocuparse, porque son dos contingencias enmendables. Cuando vengan generales, el PSOE volverá a las andadas y sacará a los abstencionistas de sus casas, con un propósito claro y no, como esta vez, para elegir al presidente de una autonomía. Ni una cosa ni la otra.

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en la Moncloa en marzo
El Madrid DF se equivoca por completo como hace una década. En el 2026, guste o no, PSOE-PP deberá elegir en abierto su rondalla : o plurinacional o autoritaria. Y no valdrá no darse cuenta por enterados, como si lo generacional, lo territorial y lo estratégico no estarían detrás del resultado extremeño y de las investigaciones y elecciones que vendrán. Como si Trump no fuera el núcleo irradiador de un surco más profundo y Albu(r)querque no existiera más que en la provincia de Badajoz y no en el Estado de Nuevo México. Manda, de momento, la cartografía autoritaria en estos tiempos de futuro terror, pero sigue latiendo una idea que tenemos que cuidar y darle visibilidad. La de una España plurinacional a la espera de ese rebelde con causa: usted. Haga su rondalla plurinacional y brinde por ello. Cada vez somos más. ¡Feliz Año Nuevo!
La próxima semana
El “efecto 'caucus'”
Podemos nunca tuvo un contexto global, como muchos los PIGS, Syriza y los hombres de negro, mientras que Trump le ha dado un nuevo sentido a todo, tanto a Vox como a las elecciones en Extremadura y las que siguen. Los caucus de la derecha han dado carta de naturaleza al factor autoritario en España. Y en esa estamos, con un Vox, en extremeñas, quemando etapas aceleradamente, demostrando que, lejos de estar en el 12% de algunas encuestas, está en el 17% y que pronto una escala estatal superará más del 20%. Este es el”efecto caucus».
El ojo de halcón
El hilo rojo
El 21-D votó un poco más de medio millón de extremeños, que representan el 1,5% del censo electoral español, en unas autonómicas anticipadas que por primera vez no se sincronizaron con las elecciones municipales. De hecho, la participación cayó casi 8 puntos principalmente por este motivo, algo inaudito hasta la fecha en una autonomía en la que hace tan solo dos años la suma del bipartidismo obtuvo 480.000 votantes electorales, casi el 80% del voto válido. Hoy ha retrocedido casi 120.000 hasta situarse por debajo del 70%. Ese es el hilo rojo que hay que seguir.




