Supongo que habrá quien se pregunte en el PP si la idea de convocar elecciones que no tocaban –en Extremadura y Aragón– para unirlas a las de Castilla y León y Andalucía, y formar así un tiempo electoral encadenado hasta las generales, fue buena. Una estrategia que atribuyen al propio Alberto Núñez Feijóo, o por lo menos a su equipo más cercano, con un solo pensamiento en la cabeza, las elecciones generales que le llevarán a él, esta vez sí, a la Moncloa, después de obtener resultados concluyentes en estos territorios.
El resultado del primer experimento, Extremadura, no estuvo mal, pero no fue tan bueno como se esperaba. Nadie puede negar que 29 escaños, siendo la mayoría absoluta 33, está muy bien. Ya lo quisieran Sánchez o el presidente del PP en el Congreso, pero ha dejado a Extremadura como estaba, sin un gobierno estable y dependiendo de quien dependía, de Vox, y al PP, obligado a hacer concesiones para aprobar los presupuestos, las que no hizo antes, si es que se quiere tener cuentas, que, como ya se ha visto, no son necesarias para gobernar.
No les importan las autonomías, que quedarán en manos de Santiago Abascal
Habrá que ver como queda la negociación del PP con Vox o si los populares piensan en repetir elecciones. La propuesta del expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra de que el PSOE se abstenga para que no gobierne Vox era imposible de asumir para los socialistas extremeños en sus circunstancias actuales, y al menos en este momento. Quizás si se hubiera planteado cuando la amenaza de una nueva convocatoria fuera un hecho, hubiera sido otra cuestión. Pero la han rechazado todos porque no ayuda a los intereses de las direcciones nacionales de los partidos, que no piensan en Extremadura o en Aragón, sino en las elecciones generales.
Sí, también Pedro Sánchez. Ahí está la frase que pronunció en la comisión ejecutiva federal del PSOE al día siguiente de la debacle socialista en Extremadura. “Los demócratas volverán en las generales”. Sigue con el convencimiento de que él podrá movilizarlos, seguramente con la apelación, de nuevo, al miedo de que viene la derecha y equiparando a Vox con el PP. Pero hay dirigentes socialistas que empiezan a levantar la voz. Piensan que esa premisa que le sucedió a Sánchez en elecciones anteriores ya no funciona, porque Vox ha gobernado y le han perdido el miedo. Sánchez solo analiza los resultados de Extremadura en clave de sus elecciones generales. Cree que podrá remontar el resultado, pero ¿qué pasa con los territorios? El PSOE ya perdió la mayoría de las comunidades en las que gobernaba en el 2023, y antes de las generales hay autonómicas.

Santiago Abascal
Pero no solo los líderes del PSOE y PP tienen un único pensamiento, las elecciones generales. La izquierda a la izquierda del PSOE, también. Yolanda Díaz no concurrió a las elecciones extremeñas. Tras la ruptura de Sumar con Podemos, la vicepresidenta solo piensa en sus elecciones, en seguir de tándem del PSOE y con la vía expedita. Unidas por Extremadura (Podemos e IU) obtuvo buenos resultados, subió de 4 a 7 escaños y ha llevado a Podemos a pensar que la venganza se sirve en plato frío y que puede jugarle a Sumar el liderazgo de esa izquierda en las próximas elecciones al Congreso. Como ejemplo, Aragón, donde Podemos ha vetado a Sumar, lo que ha impedido la coalición con IU, que a su vez deja huérfana a la Chunta.
Todos piensan en las generales, serán cuando Sánchez quiera, sin que importen las autonomías, que quedarán en manos de Vox, o mejor dicho de Santiago Abascal, a quien le importan poco, no cree en ellas. Ya sacó a su partido de los gobiernos autonómicos para no mostrar sus debilidades. Le da igual el poder territorial. Solo piensa en él, en sus elecciones, las generales, y en su aspiración no de ser sostén de un gobierno, sino de gobernar, de ser presidente del gobierno, y sobre todo de que Vox sustituya al PP.




