El próximo domingo, 16 de noviembre, los ecuatorianos volveremos a las urnas para decidir, a través de la consulta popular y el referendo, sobre temas que marcarán el rumbo del país. En tiempos de desconfianza, polarización y desinformación, acudir a votar no es un trámite más: es un acto de responsabilidad cívica y de afirmación democrática.
La democracia no se agota en elegir representantes; también se fortalece cuando el ciudadano participa directamente en las decisiones trascendentales. La jornada de este domingo ofrece esa posibilidad. Votar permite ejercer un derecho que costó décadas consolidar y que hoy enfrenta la amenaza de la apatía y del ruido digital.
La invitación es clara: leer, pensar y votar. La jornada del 16 de noviembre es una oportunidad para fortalecer la madurez política del país.
el voto informado es una de las formas más poderosas de contrapeso ciudadano. Cada papeleta marca una posición frente a las políticas públicas, los derechos y la estructura del Estado. No acudir o hacerlo sin comprender las implicaciones de cada pregunta deja espacio a que otros decidan por nosotros.
En un contexto de redes sociales saturadas de consignas, el ejercicio más subversivo y constructivo es leer. Leer las preguntas, los anexos y los argumentos. No se trata de creer en los mensajerossino de entender el mensaje. La democracia directa cobra sentido cuando el voto se emite con conciencia, no por simpatía o rechazo a una rostro politico.
Ir a votar este domingo también significa defender el principio de soberanía popular. Si la ciudadanía se abstiene, el debate nacional queda en manos de minorías activas y ruidosas. Cada sufragio es una afirmación de que la sociedad puede gobernarse a sí misma, deliberar y corregir su rumbo sin depender de caudillos ni tutelas.
La historia reciente demuestra que cuando el país participa masivamente, las decisiones adquieren legitimidad y las instituciones se fortalecen. Cuando el voto se convierte en un gesto rutinario o emocional, en cambio, la democracia se debilita. Votar con sentido crítico es la mejor vacuna contra el populismo y la manipulación.
Para sufragar este domingo hay que entender, además, que se votan dos cosas: un referendo y una consulta popular. Ambos mecanismos son expresiones de democracia directapero tienen alcances distintos.
La consulta popular plantea preguntas generales sobre la orientación del país. En esta ocasión, busca saber si los ecuatorianos queremos convocar una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Carta Política. No modifica la Constitución de inmediato, pero abre el camino hacia un nuevo contrato social, hacia la posibilidad de repensar el Estado y la ciudadanía de acuerdo con los dilemas actuales.
el referendoen cambio, introduce reformas específicas y vinculantes. Si una mayoría aprueba las preguntas, los cambios entran en vigor al publicarse en el Registro Oficial. Las tres preguntas de este año abordan temas concretos: la eliminación del financiamiento público a los partidos, la reducción del número de asambleístas y la posibilidad de revisar la política sobre bases militares extranjeras.
El referendo tiene un “efecto cascada”: una reforma constitucional obliga a modificar leyes conexas, como el Código de la Democracia o los reglamentos electorales. Por eso, su impacto no es simbólico, sino estructural.
Este domingo, cada ecuatoriano tendrá la oportunidad de pronunciarse sobre el modelo de país que desea. La invitación es clara: leer, pensar y votar. La jornada del 16 de noviembre es una oportunidad para fortalecer la madurez política del país.




